
En inversa travesía ilimitada
la noche despliega sus alas de luz y sombra,
el viento asoma sus raudales imposibles
avanzando en la desnuda distancia de las calles
mientras inevitables silencios
acometen
toda la humana y precaria arquitectura
que quiere ser voz y palabra.
Olvidadas certidumbres se hacen inútiles,
en invisible escenario
mi diario asedio al otro lado de mi máscara se desata
con toda su terquedad y fuerza.
Nada detiene
a este destino que sobre mí su tormenta cierra.
Día a día se desmoronaron,
ayer todavía esperando,
los horizontes que sólo el corazón sueña.
Fútil e irrenunciable llamarada,
siempre y también hoy,
que en su interior flamea.
© Acuario 2010
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