JULIO 1 Miércoles
Bruma ligera adorna la mañana. En la lejanía desdibuja los perfiles del horizonte. El mar luce hoy un cobalto móvil e inquieto. El viento de levante ha prestado vivacidad a las olas, su azul late nervioso con algunos matices de verde cobre.
La nubosidad, leve inicialmente, forma un manto blanco a algunos cientos de metros de altura. Por encima de su nívea sombra el aire se divisa translúcido. Los montes que se asoman a la bahía, tienen un hermoso pedestal de niebla, en el que parecen levitar sin peso. Una estampa japonesa.
En el puerto, los barcos han perdido sus chimeneas, las grúas sus alturas, todo escondido tras el velo móvil y juguetón de la neblina.
Hoy como es primero de julio, hay más afluencia en la playa. Gentes alegres, posibles turistas, estrenando el apenas velado sol, dispuestos a dejar en el olvido todo un año de esfuerzos y tareas. Se han apoderado del tiempo para disfrutarlo sin apremio, de forma lenta y sabia...
La insistente brisa ha decidido ir trayendo a tierra el neblinoso aliento marino. Los buques comienzan a conversar entre ellos con sus lejanas sirenas. Hablan un profundo y meláncolico idioma, con sus voces de bajos, ocultos en la difusa celosía del horizonte.
Va cerrándose el cielo, una claridad de marfil primero, luego opalescente al mediodía.
Hasta la playa desaparece bajo los brumosos e iluminados, húmedos celajes, que desde el mar alcanzan la orilla.
© Acuario 2009
domingo, 23 de agosto de 2009
sábado, 22 de agosto de 2009
AEROSTASIA DEL TIEMPO
Las primeras horas, matinales y frescas, invitan al ejercicio.
Una ligera llovizna añade dimensión al viento. En los charcos que el aguacero nocturno ha dejado, las pequeñas gotas juegan a formar pequeños circulos que se abren y entremezclan incesantes. El aire envidioso, intenta soplando emularlas, pero sólo consigue dejar minúsculas ondas en los acuáticos remansos, sacudiendo y haciendo retemblar a las imágenes que espejeaban en ellos, añadiendo un matiz opaco a la pequeña superficie del agua estancada que hace un instante brillaba.
El Mediterráneo, verde olivo y plomo. A sus orillas de nuevo acuden rugientes espumas que secretamente me hablan.
Sospecho que la antena de radio del edificio, tras días de ventisca, ha caído de nuevo. No es la primera vez que ocurre. La señal llega con distorsión desacostumbrada.
Pongo un compacto. El suave Stabat Mater de Pergolesi me brinda su belleza, mientras la claridad del mediodía acude velada por un celaje de nubes.
Por un momento, incompletamente, la nubosidad se entreabre apenas, cayendo sobre el mar una cascada de luz. El súbito fulgor dibuja una lejana hilera de reflejos de plata.
En la línea del horizonte, el argentino tridente de Neptuno se ha asomado, rasgando la cobriza superficie de las aguas.
23 Diciembre 2007
© Acuario 2009
METAMORFOSIS DEL TIEMPO
JUNIO 30 Martes
Es de noche. Entre las sombras ensimismadas, los grillos cantan.
El murmullo del agua, tenues olas en la orilla de la playa, acompasan sus ritmicos cricrí, sus bien templados y agudos chirridos.
El sol se alejó ya, en un cielo rosáceo, dejando al irse un horizonte rojo sanguino como telón de fondo para el perfil de la ciudad.
He pasado las últimas horas de la tarde, a la espera , entre cuidados jardines, de un vendedor inglés de válvulas de vacío, antiguos elementos de electrónica, que algunos seguimos empleando por sus cualidades sonoras, por la reproducción del sonido con vivos matices naturales de suavidad y dulzura.
Una fuente central entre las plantas prestaba su eterna canción a los jazmines mientras éstos se abrían y perfumaban el aire y las sombras.
Un tranquilo lugar, de ese interior campesino tras la aglomerada urbe y sus calles ahora iluminadas, todavía vivas y despiertas.
No hay luna, o todavía no ha alzado su vuelo. El horizonte callado, impreciso, cielo y mar unidos en la oscura negrura, tiene luces mínimas, y otras más cercanas, que se extienden sobre las aguas en reflejos temblorosos y amarillos.
Barcas y buques, unas faenando, los otros parados, detenidos en la bahía.
Los abiertos brazos, muelles, del puerto resplandecen, encendidas todas sus farolas. En uno de ellos, las enormes y altas grúas, escondidas en la penumbra, aparecen resueltamente señalizadas de balizas, como si las estrellas descansaran en sus largos brazos.
Hace una agradable temperatura.
Sin viento, o mejor quizá decir que el viento está dormido.
Hoy, también él, duerme y sueña.
© Acuario 2009
Es de noche. Entre las sombras ensimismadas, los grillos cantan.
El murmullo del agua, tenues olas en la orilla de la playa, acompasan sus ritmicos cricrí, sus bien templados y agudos chirridos.
El sol se alejó ya, en un cielo rosáceo, dejando al irse un horizonte rojo sanguino como telón de fondo para el perfil de la ciudad.
He pasado las últimas horas de la tarde, a la espera , entre cuidados jardines, de un vendedor inglés de válvulas de vacío, antiguos elementos de electrónica, que algunos seguimos empleando por sus cualidades sonoras, por la reproducción del sonido con vivos matices naturales de suavidad y dulzura.
Una fuente central entre las plantas prestaba su eterna canción a los jazmines mientras éstos se abrían y perfumaban el aire y las sombras.
Un tranquilo lugar, de ese interior campesino tras la aglomerada urbe y sus calles ahora iluminadas, todavía vivas y despiertas.
No hay luna, o todavía no ha alzado su vuelo. El horizonte callado, impreciso, cielo y mar unidos en la oscura negrura, tiene luces mínimas, y otras más cercanas, que se extienden sobre las aguas en reflejos temblorosos y amarillos.
Barcas y buques, unas faenando, los otros parados, detenidos en la bahía.
Los abiertos brazos, muelles, del puerto resplandecen, encendidas todas sus farolas. En uno de ellos, las enormes y altas grúas, escondidas en la penumbra, aparecen resueltamente señalizadas de balizas, como si las estrellas descansaran en sus largos brazos.
Hace una agradable temperatura.
Sin viento, o mejor quizá decir que el viento está dormido.
Hoy, también él, duerme y sueña.
© Acuario 2009
METAMORFOSIS DEL TIEMPO
JUNIO 29 Lunes
Sobre mi cabeza, ( hoy me he olvidado mi habitual sombrero de paja trenzada para defenderme del sol ), afortunadamente hay una extensa nube, en el centro del cielo despejado y azul. Pareciera un pegote de cal estrellado contra el firmamento, con fuerza tal que sus bordes se ven espiculados y aunque no es densa, supone una agradecida protección que alivia el calor del paseo.
En el mar, en la rada, de las anclas sujetos, tres navíos señalan gracias a sus amarradas proas la dirección del viento.
La mañana bulle de ruidos al otro lado del paseo marítimo, el tráfico intenso, la actividad de la ciudad en este día que inicia la semana, lunes.
En la playa algunas palomas acuden a comer las migas del pan que sobró la vispera, y que me llevo en los bolsillos para ellas. Sé que siempre hay alguna que me espera al pasar.
El viento rola y se hace suave levante al mediodía.
Hoy el agua está fría. Pero al cabo de unos minutos, nadando, el cuerpo se acostumbra. El mar ostenta un opaco verde inquieto, de olas animadas que rompen en la orilla sin demasiado estrépito.
Un rato breve al sol, se hace necesario tras el baño. Habitualmente no me expongo a la radiación solar, soy prudente en ello, salvo alguna vez, tal como ésta, que se precisa recuperar temperatura.
Convive en nuestra vivienda una tortuga de agua con nosotros, animal tranquilo que se pasea por la casa, se esconde bajo los muebles, y puede vérsela dandose baños en su acuático rincon, que tiene preparado para ello, o en invierno tomar el calor del mediodía. Hoy le ofrezco dos langostinos del aperitivo, se los entrego sin cascara. Buen apetito muestra con ellos.
De nombre le pusimos, Aurora.
Y la tarde planea en su luz, sin prisa.
Sobrevuela la ciudad en su tiempo sin limites.
Se entrega a descansar meditativa, sin buscar nombres ni porqués ,..... ni a las cosas ni a la vida.
© Acuario 2009
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